Filósofos del siglo XX
SANTAYANA FILOSOFO.
LA FILOSOFIA COMO FORMA DE VIDA
de MORENO, DANIEL
RESUMEN:
De Santayana se ha dicho que carece de sistema y que se contradice escandalosamente.
Un análisis atento del conjunto de su obra filosófica arroja sin embargo otro resultado. Ciertamente, no es fácil de clasificar un pensador materialista platónico, nihilista irónico, ateo espiritual y conservador sin compromiso político, pero, si se respeta su lenguaje —algo imprescindible para interpretar desde dentro cualquier pensamiento—, el paisaje se aclara y deja ver un Santayana sorprendente y poco frecuentado. Siempre atento a las modas filosóficas y científicas de finales del siglo xix y primera mitad del siglo xx, Santayana, ante los excesos del tardorromanticismo y la barbarie que veía avecinarse, buscó en los griegos la cordura suficiente para afrontar con coraje la desintegración de
Su voz sonó con fuerza en el Harvard de sus años de poeta y profesor, y alcanzó renombre internacional en los difíciles años de la segunda guerra mundial. Su mensaje, con todo, no fue bien recibido entonces.
Quizá ahora sea mejor momento para un filósofo que consideraba que lo abierto es también una forma de arquitectura o que el puritanismo no tiene nada que ver con la pureza.
A modo de testamento espiritual, dejó escrito: «Cuanto más me limpio a mí mismo de mí mismo, mejor ilumino ese algo en mí que es más mí mismo de lo que soy yo: el espíritu».
EDITORIAL TROTTA, S.A. Lengua: CASTELLANO - Encuadernación: Rustica - ISBN: 8481648981 - 16.00€
JORGE SANTAYANA, un abulense universal. Su nombre completo es, Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana.Biografía.
Jorge Santayana no nació en Avila, sino en Madrid, el día 16 de diciembre de 1863. En Avila no poseía raíz familiar alguna y su llegada a esta ciudad debió ocurrir durante el verano de 1866, cuando aún no había cumplido los tres años. Llegó aquí por casualidad, pues no existían vínculos hereditarios con esa ciudad antigua y nobiliar. Su padre se trasladó a Avila porque estaba un hermano suyo y era una ciudad saludable, tranquila y barata.
La madre de Jorge, Josefina Borrás, antes de casarse con Don Agustín Ruiz de Santayana, padre de Jorge, había estado casada con un norteamericano de Boston, de cuyo matrimonio conservaba tres hijos: Susana, Josefina y Roberto. Seis fueron, por tanto, los miembros de la familia completa que se trasladó a Avila y se instaló en un principio en una casa situada frente al Torreón de los Guzmanes, donde transcurre su infancia abulense hasta su traslado a Estados Unidos en 1872. Su madre se va a Boston y su padre se queda en Avila, pero a Jorge le manda su padre a Boston para que tenga una mejor situación familiar.
Pasó once años de su juventud soñando con volver a Avila, hasta que, al final de su primer curso en la universidad de Harvard, su madre le concedió la oportunidad del viaje.
El lugar de residencia paterna había cambiado y Santayana, a su llegada en los primeros días de julio, debió encaminarse a esta nueva casa solitaria, sita en la plaza de Santa Ana, que a la larga se convertiría en la única propiedad inmobiliaria que el filósofo poseyó en su vida. Esta primera visita fue breve, pero realizaría una serie de visitas a esta ciudad abulense, casi siempre en veranos y a lo largo de casi toda su vida, pues sólo cesó con la muerte en ella de sus seres más próximos y queridos y a causa, también, de su avanzada edad. Otra casa abulense que se relaciona con Jorge Santayana es una que se ubica en la Plaza del Ejército, donde vivía su hermana Susana.
La última vez que Santayana está en Avila es en el año 1930, cuando va a visitar a su hermana Josefina, la única viva que quedaba en Avila, y que poco más tarde murió. A partir de esta fecha Santayana no volvió más por Avila. Acabó así su vinculación física con la ciudad. Su relación continuaría, sin embargo, a través de su correspondencia con la familia Sastre, descendiente del marido de Susana.
Santayana, que siempre había disfrutado más del mundo de la imaginación que del de la realidad, se había creado por fin, imaginativa y emocionalmente su propia Avila donde morir, en retiro solitario tal y como él había imaginado mucho tiempo antes observando los últimos años de la vida de su padre.


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